Carney se enfrenta a una prueba crucial tras retirarse del acuerdo de Trump.

Estados Unidos y Canadá se han adentrado en territorio desconocido.

Los antiguos aliados y socios económicos, que han disfrutado del libre comercio durante décadas, se encuentran ahora inmersos en una escalada de la guerra comercial sin una salida clara.

Para el primer ministro Mark Carney, la decisión tomada a altas horas de la noche de suspender las conversaciones con el presidente Donald Trump y tomar represalias en lugar de llegar a un acuerdo que parecía estar al alcance, supondrá una importante prueba política.

Es uno de los primeros líderes mundiales en abandonar la mesa de negociaciones con la Casa Blanca, y el resultado será seguido de cerca.

Ambas partes han culpado a los cambios de última hora de haber frustrado el acuerdo preliminar, y Carney ha dicho que Estados Unidos «pidió demasiado» y «ofreció muy poco».

La decisión de Carney pondrá a prueba la disposición de los canadienses a aceptar ciertas dificultades económicas, mientras Ottawa presiona para obtener más concesiones de Estados Unidos.

Tras rechazar las tácticas de alta presión de Trump y optar por oponerse a los últimos aranceles, Carney tendrá que convencer a los canadienses de que el sufrimiento económico merece la pena el esfuerzo por plantar cara a la administración Trump en busca de un mejor acuerdo a largo plazo.

En declaraciones realizadas el sábado, afirmó: «Damos este paso con la confianza de que esto redunda en el mejor interés de Canadá» y acusó a Estados Unidos de una «maniobra de poder» al buscar cambios de última hora.