Trump celebra el acuerdo con Irán, pero persisten las dudas y los riesgos.

El anuncio de un acuerdo para poner fin a las hostilidades entre Estados Unidos e Irán le ha proporcionado a Donald Trump un regalo de cumpleaños muy bienvenido, aunque está envuelto en una buena dosis de incertidumbre.

El presidente estadounidense afirmó en un mensaje publicado en redes sociales, en el que anunciaba el acuerdo, que el estrecho de Ormuz se abriría al transporte marítimo comercial y que Estados Unidos levantaría su bloqueo naval.

«¡Que fluya el petróleo!», exclamó Trump el domingo.

A continuación, declaró que, a diferencia de los fracasos de presidentes estadounidenses anteriores, él había conseguido un «gran acuerdo» que traería «paz y seguridad a toda la región».

Por supuesto, este tipo de hipérboles no son nada nuevo para Trump. Sus declaraciones sobre el acuerdo del año pasado que puso fin a la guerra de Gaza —»una paz para toda la eternidad» y el «comienzo de la era de la fe, la esperanza y de Dios»— fueron igualmente grandilocuentes, a pesar de que la realidad sobre el terreno ha estado muy lejos de esas expectativas.

En acuerdos diplomáticos de tal trascendencia, el éxito o el fracaso suelen depender de los detalles. Y en este caso, los detalles son escasos.

El vicepresidente estadounidense JD Vance declaró en una entrevista el domingo por la noche con Fox News que el hecho de que Irán nunca poseyera un arma nuclear estaba «establecido en este acuerdo» y que Estados Unidos podrá verificar su cumplimiento.