El Manchester United, sin entrenador, sigue con un mal momento y empata con el Burnley

El intento del Manchester United de dar vuelta la página después del incidente con Ruben Amorim trajo poco alivio, ya que empataron 2-2 con el Burnley en Turf Moor, un resultado que subrayó cuán profundo aún es el malestar del club.

La vida tras Ruben Amorim comenzó oficialmente bajo la dirección interina de Darren Fletcher, pero la familiar sensación de estar a la deriva persistía. Tres días después de empatar con el Leeds en el último partido de Amorim, el United volvió a quedarse sin victorias, esta vez contra un equipo recién ascendido que no había ganado en 11 partidos de liga.

La noche comenzó de forma amenazante. El Burnley atacó primero cuando el defensa Ayden Heaven desvió un centro raso hacia su propia portería, dándole al Burnley una ventaja temprana y exponiendo la misma fragilidad defensiva que atormentó al United durante la era Amorim.

El United respondió con determinación. Benjamin Sesko fue el más destacado, con dos remates seguros que dieron la vuelta al partido. El doblete del delantero, su precisión y su ejecución serena ofrecieron un raro destello de claridad ofensiva durante una fase de transición por lo demás confusa para el Manchester United.

Pero el control sigue eludiéndoles. El Burnley, liderado por Scott Parker, se mantuvo en la contienda, aprovechó la suerte y finalmente tuvo su recompensa. El suplente Jaidon Anthony anotó un magnífico gol del empate en los últimos minutos, silenciando al equipo visitante y negándole a Fletcher lo que habría sido una muy necesaria primera victoria.

El resultado no alentó las ambiciones inmediatas de ninguno de los dos equipos. La racha sin victorias del Burnley se extendió a 12 partidos, aunque un punto contra el United se sintió como un avance. Para el United, fue otra noche de frustración. Antes del inicio del partido, los aficionados visitantes desplegaron una pancarta dirigida al copropietario Jim Ratcliffe, un contundente recordatorio de que el malestar va mucho más allá del banquillo.

Fletcher alineó a su equipo con un 4-2-3-1, alejándose de la tan criticada defensa de tres de Amorim, y con Bruno Fernandes recuperando un rol creativo central. Hubo apariciones alentadoras al final, incluyendo a las promesas de la cantera Shea Lacey y Kobbie Mainoo, pero los problemas estructurales persistieron.

La atención se centra ahora rápidamente en la FA Cup, donde Fletcher podría volver a tomar las riendas contra el Brighton. Entre bastidores, el United continúa las conversaciones con sus exentrenadores Ole Gunnar Solskjaer y Michael Carrick, aunque quien asuma heredará un equipo con poca confianza y coherencia.

Por ahora, la era post-Amorim ha comenzado no con una renovación, sino con otro recordatorio de que los problemas del Manchester United no se pueden solucionar con un simple cambio de voz en la línea de banda.

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