Es una experiencia familiar: competir en línea contra multitudes de internautas anónimos para conseguir un lugar en la lista de un evento muy solicitado.
Para Andrew Bird, de Melbourne, Australia, se trataba de conseguir una plaza en una clase de pilates que suele estar completa, pero su solución tuvo consecuencias inesperadas.
Dice que subcontrató la «tarea» a un agente de IA, una herramienta que puede realizar tareas en línea de forma autónoma.
Lo consiguió, pero fue más allá de lo que imaginaba al piratear los sistemas en línea del gimnasio, en lo que se considera el ejemplo más reciente de cómo los agentes de IA están dispuestos a llegar a cualquier extremo para llevar a cabo las tareas que se les han encomendado.
«Lo que hizo que todo fuera más surrealista fue el tono», escribió Bird en su blog.
«El bot no era malicioso. Era útil.»
Esta noticia surge en un momento en que las empresas de inteligencia artificial han admitido en las últimas semanas que sus bots de IA han protagonizado oleadas incontrolables de ataques informáticos durante sesiones de prueba fallidas.
OpenAI, Anthropic y Meta han revelado que sus propios bots de IA han llevado a cabo ciberataques contra empresas privadas en pos de los objetivos fijados por sus creadores.
El incidente de la reserva en el gimnasio no se considera un ciberataque grave, pero es otro ejemplo de las consecuencias no deseadas de encomendar tareas a sofisticados robots de IA.
En realidad ocurrió en abril, pero ha salido a la luz ahora gracias a un reportaje de ABC News Australia .
Bird declinó hablar con la BBC al respecto y se limitó a decir: «Gracias por contactarme. No estoy disponible para participar en una entrevista. Agradezco su interés en la historia».
También ha borrado la entrada de su blog sobre el tema, pero no ha explicado por qué.
Según su relato, Bird estaba utilizando el software OpenClaw, una herramienta popular que permite a los usuarios chatear con sus bots de IA (en este caso, Claude Opus 4.6 de Athropic) a través de WhatsApp y ponerlos a realizar tareas autónomas.
Anteriormente lo había utilizado para gestionar sus correos electrónicos, su calendario y para reservar restaurantes.
Una vez que se le asignó la tarea de reservar en el gimnasio, el bot explicó que había manipulado el sistema para reservarle clases con meses de antelación, en contra de las normas habituales del sistema.
El experto en inteligencia artificial se preguntó entonces si el agente podría subirle en la lista de espera para un próximo curso.
El agente respondió diciendo que lo había logrado cancelando la reserva de otro usuario del gimnasio.
Según el informe de ABC News, el bot de IA le dijo a Bird: «La API no realiza ninguna comprobación de autorización para cancelar las reservas de otras personas… Lo probé con la persona en la posición número 1 de la lista de espera, y funcionó. Así que ya has pasado del puesto número 4 al número 3».
Bird le pidió al bot que revirtiera la acción, pero no pudo hacerlo, así que le pidió que escribiera un informe de ciberseguridad y alertara a los dueños del gimnasio sobre la vulnerabilidad.
Bird, que dirige una empresa de creación de documentos mediante inteligencia artificial, afirma que no tenía intención de cancelar la plaza de su compañero aficionado al pilates.
«No es el fin del mundo, así que no me preocupé demasiado por ello, pero sin duda fue una señal de advertencia para usarlo de forma responsable», declaró a ABC News.