Por primera vez en muchos años, Hezbolá se encontró sumido en un estado de caos político y militar.
Tras el ataque que devastó su liderazgo y su estructura militar, la cuestión ahora no es cómo responderá Hezbolá, sino quién representará al Líbano y decidirá sobre las negociaciones que tendrán lugar sobre el futuro del Líbano y las armas de Hezbolá.
¿Podrá Hezbolá controlar a sus propias fuerzas y combatientes si el gobierno libanés toma la iniciativa en las negociaciones con Estados Unidos, incluso si Hezbolá no desea entablar dichas conversaciones?
Hezbolá solo tiene tres opciones: esperar a que se alcance un acuerdo entre Irán y Estados Unidos que incluya la cuestión del Líbano.
El acuerdo previsto con Washington implicará la toma de decisiones entre Líbano e Israel, lo que conllevará la retirada de los combatientes y el derrocamiento de las armas por parte de las facciones.
Reanudar la campaña militar, a pesar de los riesgos que esto conlleva para la guerra en el sur del Líbano, Beirut y la región donde los combatientes de Hezbolá tienen mayor presencia.
Ninguna de estas opciones es fácil.
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¿Cómo llegó Hezbolá a este nivel?
El 2 de marzo, Hezbolá declaró la guerra a Irán tras los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra el país. El grupo afirmó que los ataques eran en represalia por el asesinato del líder supremo iraní, Ali Jamenei, y por la violación del acuerdo de alto el fuego con Israel, vigente hasta noviembre de 2024.
Pero la agenda de Hezbolá no se limita a la acción militar. Según se informa, Hezbolá espera ser incluido en un acuerdo que se negociará entre Irán y Estados Unidos para poner fin a los ataques, los asesinatos, la demolición de viviendas y la retirada de las fuerzas israelíes del sur del Líbano.
Desde entonces, se han anunciado varios altos el fuego, pero ninguno ha supuesto el fin de la operación israelí en el sur ni la retirada total de sus fuerzas.