El funeral del célebre artista palestino Sliman Mansour, fallecido esta semana a los 79 años, tuvo lugar en una iglesia abarrotada de gente en Birzeit, cerca de Ramallah, en la Cisjordania ocupada.
Era conocido sobre todo por sus pinturas brillantes y enérgicas que representaban el paisaje palestino, con sus olivares y cítricos, así como escenas culturales que mostraban símbolos de identidad en medio de la lucha nacionalista: la búsqueda de la autodeterminación, la independencia y la creación de un Estado por parte de los palestinos.
Una de sus obras más famosas es El camello de la aflicción, pintada en 1973. Representa a un anciano porteador cargando sobre su espalda el peso de Jerusalén y la Cúpula dorada de la Roca.
«Él era, en realidad, el principal artista palestino, el más conocido a nivel local e internacional», recordó su amiga y colega artista Vera Tamari.
Tamari afirmó que la obra de Mansour mostraba «Palestina en toda su belleza y esperanza».
«Retrató a la mujer palestina con su thobe —su traje tradicional bordado— y retrató a personas muy apegadas a la tierra», continuó. «Quería que la gente supiera que estamos arraigados aquí».
AlamyMansour nació en la aldea de Birzeit, en la Palestina bajo Mandato Británico, en 1947, un año antes de la creación del Estado de Israel y del inicio de la primera guerra árabe-israelí. Durante el conflicto, más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares o huyeron en lo que se conoce como la Nakba, «la Catástrofe».
De joven, Mansour estudió bellas artes en Jerusalén, pero luego desarrolló su propio estilo distintivo. Ha hablado de cómo los artistas palestinos vivían en un «gueto cultural» y de cómo le influyó un libro que mostraba obras del pintor mexicano Diego Rivera.
Con el tiempo, Mansour contribuyó a la creación de un movimiento artístico local, como cofundador de la Liga de Artistas Palestinos y de la Academia Internacional de Arte, y ayudando a establecer galerías de arte locales.
Además de sus pinturas sobre lienzo, Mansour creó caricaturas, ilustraciones infantiles y escribió libros. Muchos lo recuerdan como un inspirador profesor de arte.
Sus obras se encuentran en colecciones privadas y en importantes instituciones internacionales, como el Museo Guggenheim de Abu Dabi, el Mathaf: Museo Árabe de Arte Moderno de Doha, el Instituto del Mundo Árabe de París y el Museo Británico de Londres.
Sin embargo, a diferencia de muchos artistas, Mansour también era un firme defensor de que sus pinturas se reprodujeran como grabados, lo que las hacía más accesibles y contribuía a su mayor reconocimiento.